lunedì 3 novembre 2014

La pastorale familiare

Pubblichiamo di seguito l'intervento dell'arcivescovo di Panama, mons. José Domingo Ulloa Mendieta, durante la Quinta Congregazione Generale del Sinodo dei vescovi, mercoledì 8 ottobre scorso (http://www.arquidiocesisdepanama.org/).

Quiero referirme a los que nos presenta el N. 50 del Instrumento Laboris, sobre la responsabilidad que como pastores tenemos frente a la Pastoral Familiar.


Hace 34 años se reunió aquí mismo el VI Sínodo con el tema de la Misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo. Las reflexiones de este maravilloso Sínodo sirvieron de base para esta Carta Magna de la Pastoral Familiar que ha sido la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio de San Juan Pablo II. Luego del Magisterio Pontificio de este inolvidable Papa y de quienes lo han sucedido en la Cátedra de San Pedro, Benedicto XVI y Francisco, así como las orientaciones de los Obispos a lo largo del mundo se ha continuado iluminando nuestro camino pastoral al servicio de las familias y con las familias.

A pesar del propósito del VI Sínodo y de la Familiaris Consortio, la renovación de la pastoral familiar en el mundo se ha quedado corto en su ejecución. Por eso los problemas de las familias que se mostraron con tanta claridad en 1980 no se han solucionado sino que se agravaron y han venido apareciendo otros con mayor virulencia. Desde esta realidad creo que tenemos que aceptar que tal vez en gran parte en nuestras Conferencias episcopales y en nuestras Diócesis no hemos asumido como prioridad la animación y el acompañamiento de la Pastoral familiar.

Ha sido más fácil mantener lo de siempre y nos ha costado asumir riesgos aun a costa de accidentarnos.

También creo que es necesario no solo escuchar sino creer más en los laicos y en las propias familias. Estoy convencido que es desde ellos y con ellos como vamos a encontrar las respuestas que la familia requiere hoy.

Generalmente reaccionamos cuando se nos presentan los problemas y no hemos asumido una Pastoral familiar de acompañamiento, animación y prevención.

Necesitamos que de este Sínodo resulte un fuerte compromiso de todos nosotros para desarrollar en cada una nuestras diócesis “una pastoral familiar intensa y vigorosa para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida, y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados” tal como nos lo presenta el Documento de Aparecida, en su No. 435.

Pues solo con hogares renovados en el Señor nuestras Iglesias particulares y nuestros países experimentarán una fuerte renovación en todo sentido.

Si queremos responder adecuadamente hoy al reto de la pastoral familiar, tendremos que recorrer también un camino de “conversión, no solo personal sino pastoral”; esto nos plantea exigencias que el Documento de Aparecida en su número 366 señala muy bien:

1. FAMILIARIZAR TODA LA ACCIÓN PASTORAL

En primer lugar es una tarea pastoral que nunca debe faltar: “Los planes de la pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia”. (Familiaris Consortio, N.70).

En segundo lugar la pastoral familiar tiene como característica que, a medida que se desarrolla, va exigiendo la presencia y la acción de las otras gamas pastorales como la catequesis, la liturgia, la pastoral educativa, la pastoral de la salud, la pastoral social, la pastoral juvenil, etc.). De hecho la pastoral familiar se convierte en un componente imprescindible en las demás pastorales especializadas.

La pastoral familiar no puede ser una pastoral más ni reducirse a algunas acciones puntuales y descoordinadas. Debe estar presente en toda la acción pastoral, como un verdadero eje transversal, prioritario y central, de forma que la familia sea realmente sujeto y objeto de la evangelización.

Cuando hablamos de “pastoral familiar” nos referimos a una pastoral que tenga en cuenta a toda la comunidad familiar. Para esto se necesita desarrollar una metodología de trabajo que favorezca la presencia y la interacción de todos sus miembros adultos, jóvenes o y niños.

2. CONOCER Y ACEPTAR LA SITUACIÓN REAL QUE VIVEN LAS FAMILIAS, CON SUS FORTALEZAS Y DEBILIDADES Y ACOMPAÑARLAS PASTORALMENTE CON PROGRAMAS ADECUADOS A SUS NECESIDADES.

A ejemplo de Jesús de Nazaret que anunció e hizo presente el Reino, pero que también advirtió que este crece lentamente, acogiendo y acompañando con amor misericordioso a quienes aún no vivían su plenitud, la pastoral familiar debe anunciar y proclamar el modelo ideal de familia cristiana, pero tiene que trabajar con amor por las familias que realmente existen, con sus problemas, sus carencias, angustias y pecados. Los programas pastorales deben partir de la realidad de la familia, para evangelizar, servir y acompañar a toda la familia y a todas las familias, cualquiera que sea su situación, y especialmente a quienes más lo necesitan por sus problemas humanos y por las dificultades que encuentran para vivir el ideal cristiano.

3. FORMAR ADECUADAMENTE A LOS AGENTES DE PASTORAL FAMILIAR.

Hoy más que nunca tenemos que fortalecer la formación de los sacerdotes -tanto diocesanos como religiosos-, los diáconos permanentes y los agentes en la pastoral familiar. Urge hacer conocer e implementar en los Seminarios y en las casas de formación de los religiosos y religiosas e institutos el magnífico documento de la Sagrada Congregación para la Educación Católica “Directrices para la formación de los seminaristas acerca de los problemas relativos al Matrimonio y a la Familia” (Marzo 19 de 1995) que no ha perdido vigencia, por el contrario se advierte más urgente hoy cuando la tarea de la pastoral familiar de muestra más necesaria. Los Obispos latinoamericanos, en la Conferencia de Santo Domingo ya lo proponían: "Para ello es necesario capacitar agentes. Los movimientos apostólicos que tienen por objetivo el matrimonio y la familia pueden ofrecer apreciable cooperación a las Iglesias particulares, dentro de un plan orgánico integral" (Sto. Domingo 222).

4. EQUIPAR NUESTRA PASTORAL FAMILIAR DE BUENOS PROGRAMAS Y RECURSOS PEDAGÓGICOS.

Nuestras familias se lo merecen. "Esta pastoral debe estar al día en instrumentos pastorales y científicos. (Sto. Domingo, N.64). El Papa Juan Pablo ya urgía: “La Iglesia debe promover programas mejores y más intensos de preparación al matrimonio, para eliminar lo más posible las dificultades en que se debaten tantos matrimonios, y más aún para favorecer positivamente el nacimiento y maduración de matrimonios logrados”. (F.C. 66). Se trata de mejorar la calidad de nuestra acción pastoral compartiendo las experiencias y los buenos logros que se van consiguiendo cuando se aplican juiciosamente los conocimientos y las iniciativas de los expertos al servicio de la misión de la Iglesia.

Con todo el respeto queridos hermanos pidamos unas gracias especiales, que frente a esta gracia que el Señor nos regala en este Sínodo de la Familia, no nos quedemos solo en buenas intenciones.

Que como fruto de este Sínodo podamos -no solo afectiva sino efectivamente-familiarizar toda la acción pastoral de la Iglesia.



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