mercoledì 19 novembre 2014

Una sintesi del Sinodo

Dalla prolusione di mons. Ricardo Blázquez, arcivescovo di Valladolid e presidente della Conferenza episcopale spagnola, pronunciato lunedì 17 novembre, abbiamo estratto i paragrafi che si riferiscono al recente Sinodo a cui il presule ha partecipato a Roma (http://www.conferenciaepiscopal.es/).


(…)
1.- Memoria de la primera Asamblea sinodal sobre la familia y preparación de la segunda

a) Ritmo intenso y rápido
En poco tiempo hemos recorrido un camino largo en el tratamiento de los desafíos planteados a la familia en el marco de la evangelización. Aunque en la exhortación apostólica Familiaris consortio, dada en Roma el 22 de noviembre de 1981, afirmó el papa san Juan Pablo II que la familia en los tiempos modernos había sufrido, quizá como ninguna otra institución, el impacto de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura, debemos constatar que los cambios no se habían detenido; hipótesis, entonces insospechadas, se han abierto camino. Por esto, era oportuno un nuevo tratamiento en la Asamblea del Sínodo de los Obispos, ya que se habían levantado recios vientos que la amenazaban.
Ha sido acertada y hasta providencial la nueva convocatoria sinodal sobre la familia en la situación presente, ya que la familia es decisiva para el matrimonio, los hijos, la humanidad y la Iglesia. Tanto la trascendencia de la familia —es uno de los bienes más preciosos de la humanidad— como la situación de la misma solicitaban de la responsabilidad de la Iglesia una detenida y amplia reflexión en orden a adoptar las adecuadas respuestas pastorales. Los riesgos que corren el matrimonio y la familia, y la esperanza que debemos mantener en estas realidades básicas, reclamaban un esfuerzo renovado e intenso.

Como yo he participado en la Asamblea del Sínodo en nombre de la Conferencia Episcopal, cumplo gustosamente con el deber de informarles a ustedes.

El día 23 de agosto de 2013 manifestó el papa su intención de convocar la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la familia. Poco más tarde, los días 7 y 8 de octubre, fijó definitivamente el tema:«Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización». En esos días se diseñó el procedimiento para elaborar el Documento preparatorio de la Asamblea. Los Lineamenta, que incluían un cuestionario amplio, fueron presentados oficialmente el día 5 de noviembre de 2013. El cuestionario, distribuido capilarmente en la Iglesia, suscitó un inusitado interés, tanto por el tema como por la insistencia en responder. Las respuestas de las diócesis, conferencias episcopales, parroquias, consejos diocesanos, asociaciones y grupos de la Iglesia, y personas particulares, fueron estudiadas los días 24 y 25 de febrero por la Secretaría General del Sínodo y por el Consejo Ordinario constituido al final de la Asamblea anterior. Cuando se invita a participar desde el principio se propicia la atención al recorrido posterior.

El papa estableció un itinerario de trabajo en dos etapas: la primera es la Asamblea General Extraordinaria del 2014, celebrada hace pocas semanas en Roma, desde el día 5 al 19 de octubre. La segunda, la Asamblea General Ordinaria, tendrá lugar en octubre 2015, con el título «Vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo».En la Asamblea, recientemente concluida, se ha delineado el “status quaestionis”, se han recogido testimonios y propuestas para anunciar y vivir el evangelio de la familia; y en la segunda se determinarán las líneas operativas para la pastoral de la familia.

El Instrumentum laboris, que fue firmado el día 24 de junio de 2014, ha canalizado con orden y fluidez las intervenciones de los padres sinodales al hilo de los diversos apartados. El ritmo de trabajo de la Secretaría del Sínodo ha sido intenso y rápido, y a todos nos ha introducido en ese dinamismo.

La llamada Relatio Synodi es el escrito más importante de la Asamblea del Sínodo, que a su vez constituye el Documento preparatorio, los Lineamenta, para la Asamblea próxima. Se desenfocaría su significado si no se considera la Relatio Synodi en la perspectiva de la próxima Asamblea, aunque haya sido publicada e incluso refrendada por los 191 padres sinodales, de los cuales 114 son presidentes de conferencias episcopales, 25 prefectos o presidentes de dicasterios romanos, 13 presidentes de Sínodos de la Iglesia oriental católica, y otros designados directamente por el papa. La Relación Sinodal no es un documento cerrado, sino abierto al estudio y a la reflexión, como muestra claramente su estilo.

Probablemente serán constituidas Comisiones para estudiar cuestiones teológicas, canónicas, pastorales, históricas y ecuménicas a las que remitía frecuentemente el diálogo en los Círculos Menores”. Por ejemplo, agilización de los procesos judiciales de declaración de nulidad y otras posibles vías administrativas; la relación entre fe cristiana y sacramento del matrimonio; la indisolubilidad del sacramento del matrimonio y el posible acceso a la penitencia y la comunión sacramental en determinados casos y con criterios claros de los divorciados vueltos a casar. Un sínodo no es un congreso de Teología, sino una asamblea de obispos a quienes se confía el cuidado pastoral en la Iglesia, pero que necesitan obviamente de la colaboración de maestros y testigos. ¿No sería conveniente que en Comisiones de la Conferencia Episcopal y en las diócesis, en Facultades de Teología y Derecho Canónico, fueran tratadas estas cuestiones? Convertir la Relación Sinodal en tema de reflexión en las diócesis y otros organismos es signo de que nos incorporamos al dinamismo de sinodalidad en que el papa viene insistiendo.

La Iglesia es esencialmente comunión: comunión con Dios en Jesucristo y su Espíritu, y consiguientemente comunión entre los cristianos; y, por ello, fermento de unidad en medio de la humanidad. La colegialidad es la comunión y la fraternidad de todos los obispos “cum Petro” y “sub Petro”. La sinodalidad es el dinamismo de la vida y de la misión de la Iglesia comunidad.

b) La Asamblea sinodal como ejercicio de colegialidad y sinodalidad

El papa Francisco, desde el principio de su ministerio como obispo de Roma y sucesor de Pedro, y siempre que ha intervenido en el Sínodo o en las celebraciones de apertura y clausura, ha hablado de sinodalidad y colegialidad; particularmente ha subrayado la dimensión moral y espiritual del ejercicio solidario de los participantes.

En la entrevista que concedió al P. Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, a mediados de agosto de 2013, afirmó con intención programática: «Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. Quizá es tiempo de cambiar la metodología del Sínodo, porque la actual me parece estática. Eso podrá llegar a tener valor ecuménico, especialmente con los hermanos ortodoxos. De ellos podemos aprender mucho sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre la tradición de sinodalidad».

En la exhortación apostólica Evangelii gaudium, el papa, invitando a una nueva etapa evangelizadora e indicando caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años, escribió: «El obispo siempre debe fomentar la comunión misionera en su Iglesia misionera» (n. 31). Y a propósito de las conferencias episcopales recordó que el Concilio enseñó que pueden desarrollar una obra múltiple a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta. Este deseo no se ha realizado plenamente. Papado, conferencias episcopales, Sínodo de los Obispos, diócesis, necesitamos escuchar la llamada a una conversión pastoral (n. 32). En estos lugares el papa nos indica una perspectiva de avance en el sentido de la participación eclesial.

En la solemne celebración eucarística del día 19, en que se hizo coincidir intencionadamente la beatificación de Pablo VI, a quien debe su origen el Sínodo de los Obispos erigido pocos días antes de comenzar el último periodo conciliar, y la clausura de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, dijo el papa: “sínodo” significa “caminar juntos”. Lo hemos visto estos días. «Pastores y laicos de todas las partes del mundo han traído aquí a Roma la voz de sus Iglesias particulares para ayudar a las familias de hoy a seguir el camino del Evangelio, con la mirada fija en Jesús. Ha sido una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espíritu Santo que guía y renueva incesantemente a la Iglesia, llamada sin demora a hacerse cargo de las heridas que sangran y a encender de nuevo la esperanza a tantas personas sin esperanza». Efectivamente, la Asamblea sinodal se ha acercado compasivamente a las llagas de las familias, que necesitan samaritanos para curarlas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza (cf. Lc 10, 29-37).

En la primera sesión de los trabajos sinodales exhortó el papa a la Asamblea, en unos términos que fueron agradecidos y retenidos. Con dos actitudes se ejerce la sinodalidad: «Hablar con parresía y escuchar con humildad». «Hablad sin miedo y acoged con el corazón abierto lo que dicen los hermanos». Estas palabras, pronunciadas con confianza, contribuyeron a fomentar la atmósfera participativa y sinodal. ¡Que esta sea también nuestra actitud en la presente Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal! Nos prestamos mutuamente el servicio colegial interviniendo con libertad y escuchando con atención.

Clausuró el papa los trabajos sinodales el día 18 con un discurso que fue bálsamo para todos, después de momentos de “consolación” y “desolación”, como el mismo papa Francisco dijo citando unas palabras de san Ignacio de Loyola. Mencionó el papa algunas tentaciones que han podido acechar a los miembros del Sínodo. Por ejemplo, la tentación de rigidez que se aferra a la letra de la ley y se cierra a las sorpresas de Dios; o la tentación de quien en nombre de la misericordia venda las heridas sin curarlas, y se detiene en los síntomas sin buscar las causas; o la tentación de transformar el pan en piedras para lanzarlas contra los pecadores, los débiles y los enfermos (cf. Jn 8, 3-11); o la tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándonos sus propietarios; o la tentación de descuidar la realidad utilizando un lenguaje que, por minucioso y alambicado, no dice nada.
El Evangelio muestra con claridad la diferencia ente el dinamismo legalista y el dinamismo de la misericordia. Fidelidad al Evangelio y compasión con los que sufren son inseparables. Nadie en el Sínodo olvidó la misericordia ni regateó la verdad del matrimonio cristiano, la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la apertura a trasmitir la vida. Los diferentes acentos legítimos no pretendían negar la otra perspectiva.
De hecho la Relación del Sínodo es bastante equilibrada; al tiempo que pide una actitud nueva más compasiva en la pastoral familiar, subraya la verdad cristiana impregnada de comprensión. Fue aceptada íntegramente por la mayor parte de los padres sinodales. Es verdad que los Círculos Menores introdujeron equilibrio en la Relación elaborada después de la discusión, que había recogido lo escuchado en las más de doscientas intervenciones. No se trataba tanto de repetir la doctrina católica sobre la familia cuanto de escuchar los desafíos pastorales que plantean determinadas situaciones de la familia. El médico procura diagnosticar acertadamente la enfermedad para curarla eficazmente. Los 62 párrafos de la Relación merecieron el sufragio positivo de los dos tercios de votantes, a excepción de tres párrafos que no alcanzaron la cota de los 123. La Relación es un documento de discusión y material de trabajo para la próxima Asamblea. Por transparencia informativa ha sido publicada también con los resultados de la votación.

El papa, estando en medio de todos y presidiendo, tiene la misión de garantizar la unidad de la Iglesia, de recordar que la autoridad en la Iglesia es servicio, y que este servicio es ejercitado en nombre de Jesucristo. El papa ha recibido el ministerio de asegurar la obediencia de la Iglesia a la voluntad de Dios y al Evangelio de Jesucristo. La Iglesia es de Jesucristo, a quienes todos los cristianos reconocemos como nuestro Señor.

c) Iniciación cristiana, sacramento del matrimonio y estabilidad

«La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad» (Evangelii gaudium, n. 66). En pocos años se ha multiplicado en nuestra sociedad el número de divorcios, con las consecuencias conocidas para los esposos, los hijos y las familias; ahora solo recuerdo este dato con la inquietud que produce; pero quiero detenerme en otro hecho de enorme trascendencia.

Ha descendido entre nosotros el número de matrimonios canónicos y de matrimonios en general. ¿Por qué ha perdido el sacramento del matrimonio la capacidad de convocatoria que ha tenido hasta ahora? ¿No se manifiesta también aquí la endeblez de la fe cristiana y de la pertenencia eclesial? ¿No están en relación la formación cristiana básica y la iniciación cristiana con la percepción del sentido sacramental del matrimonio, la familia como “iglesia doméstica” y la educación cristiana de los hijos? Es cuestión de sólidos cimientos y de personales convicciones profundas. La preparación para el sacramento del matrimonio no puede limitarse a algunos encuentros ocasionales. Es necesario ahondar en la relación entre fe cristiana y sacramento del matrimonio, como en la Relatio Synodi se pide. Los sacramentos, también el del matrimonio, son acontecimientos de fe y actuación del Espíritu Santo, de alianza fiel entre los esposos sostenida por la alianza irrevocable de Dios con su pueblo, de unión con Jesucristo entregado por amor en la cruz como servicio de la humanidad. Si la fe está mortecina y casi apagada difícilmente sobrevive en nuestra situación social y cultural. Si la identidad cristiana está oscurecida, lo estará obviamente el sacramento del matrimonio y la familia cristiana.
La vocación al matrimonio cristiano se descubre en el itinerario de la vida cristiana que tiene su fundamento en la iniciación cristiana. En la situación actual debemos acentuar la grandeza de la vocación a contraer matrimonio y a constituir una familia cristiana que se funda en el bautismo, como la vocación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada. Cuando los tiempos no son propicios, debe encarecerse el aprecio de estas vocaciones en la Iglesia y para el servicio de todos. La preparación inicial y el acompañamiento posterior de la comunidad cristiana deben sostener la perseverancia de cada vocación. Solo lo genuino personalmente asimilado tiene garantía de perduración. Por qué huyen muchos jóvenes de contraer un compromiso institucional?, se preguntó el relator principal. No se está produciendo una especie de “des-institucionalización” del matrimonio, como si cada persona pudiera configurarlo según juzgue oportuno? ¿No es la multiplicidad de los llamados modelos de familia, que a veces se reivindica, el reverso de la des-institucionalización? ¿No queda la persona a la intemperie o a merced de la fragilidad de sus sentimientos, fuera de los vínculos sociales que implican el matrimonio y la familia? No se ponen frente a frente como incompatibles la libertad de los cónyuges y la vinculación del matrimonio? No ejercita el hombre la libertad también a través de la auto-vinculación? Sería llamativo que el hombre perdiera la libertad al contraer un compromiso de por vida, y no la perdiera al romperlo.

La Relatio Synodi tiene tres partes; siguiendo los estadios anteriores del recorrido sinodal; la primera está dedicada a atender al contexto y los desafíos planteados a la familia; el Sínodo quiere escuchar el clamor de la humanidad, sabiendo que hay voces que vienen desde el fondo y son percibidas con dificultad a través de sus ecos. En la segunda parte se dirige la mirada a Jesucristo para contemplar la belleza del evangelio de la familia; el mismo Jesús nos invita a acercarnos a las familias heridas y frágiles. Del corazón del Evangelio nace una nueva dimensión de la pastoral familiar ante las situaciones dolorosas; a esta se dedica la tercera parte, que es la más amplia. Ante nuevos desafíos, actitudes renovadas.

De esta parte tres párrafos no alcanzaron los dos tercios requeridos para ser aprobados por los padres sinodales, aunque recibieran un 60% de los votos.

El párrafo 52, sobre la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar accedan o no a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía, recibió 104 votos positivos y 74 negativos. Estas son las palabras del párrafo: «Varios padres sinodales han insistido a favor de la disciplina actual, apoyándose en la relación constitutiva entre la participación en la eucaristía y la comunión con la Iglesia y su enseñanza sobre el matrimonio indisoluble. Otros se han expresado a favor de una acogida no generalizada a la mesa eucarística, en algunas situaciones particulares y en condiciones bien precisas, sobre todo cuando se trata de casos irreversibles y ligados a obligaciones morales hacia los hijos que padecerían sufrimientos injustos». El párrafo 53, sobre la relación entre comunión espiritual y sacramental, recibió 112 votos positivos y 64 contrarios. Y el párrafo 55, refrendado por 118 frente a 62, y dedicado a la atención pastoral a las personas con orientación homosexual, se ha redactado de manera muy distinta a como había aparecido anteriormente.

Nada puede suplir a una lectura atenta, reflexiva y serena. La previa información es imprescindible para una eventual discusión. (…)

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