lunedì 5 ottobre 2015

I cardinali Vingt-Trois e Rodríguez Maradiaga aprono il Sinodo

I Congregazione generale:
Saluto del Presidente Delegato, Card. André Vingt-Trois

Très saint-père,
J’ai l’honneur et la joie de vous adresser les salutations respectueuses et cordiales de tous les participants à cette session ordinaire du synode des évêques. Ce sont les évêques, les auditeurs, les experts et tous les participants qui vous expriment par ma voix leur intention et leur résolution de travailler sous votre conduite pour que l’Église soit toujours plus fidèle à sa mission pastorale.

Votre décision de tenir deux sessions du synode des évêques sur la mission de la famille dans le monde contemporain a porté ses fruits. Nous en avons été les témoins. Nos églises particulières se sont efforcées d’apporter leur contribution au travail commun en répondant au questionnaire qui devait alimenter l’Instrumentum laboris. Notre synode est porté par l’Église.

Le motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus par lequel vous avez réformé les procédures concernant les procès canoniques sur la validité sacramentelle des mariages donne une indication précieuse sur l’esprit dans lequel nous abordons cette phase du travail.

Sans mettre en doute la tradition sacramentelle de notre Église ni sa doctrine sur l’indissolubilité du mariage, vous nous invitez à partager nos expériences pastorales et à mieux mettre en œuvre les chemins de la miséricorde par lesquels le Seigneur invite tous ceux qui le souhaitent et qui le peuvent à entrer dans une démarche de conversion en vue du pardon.

L’année de la Miséricorde que vous avez promulguée pour toute l’Église est déjà sans aucun doute un signe d’espérance pour ceux qui sont accablés par la vie et qui aspirent à connaître une véritable libération. Déjà nos diocèses se réjouissent d’être renouvelés dans leur mission d’annoncer la Bonne nouvelle: Jésus est venu appeler et sauver les pécheurs et il a été jusqu’à l’extrême de l’amour pour que les chemins de la grâce soient ouverts à tous ceux qui se tournent vers lui et qui s’avancent humblement vers les conditions d’une vie nouvelle.

Pour chacun d’entre nous, ces trois semaines de travail intense seront une expérience d’Église importante: chercher avec conviction et humilité à faire grandir la communion. Malgré nos différences, nous ne voulons pas vivre ce temps comme une épreuve de force dont les micros et les caméras seraient les arbitres. Nous voulons le vivre comme un temps de conversion commune dans la force de la communion dont vous êtes, Très Saint Père, le gardien et le serviteur.

Par l’intercession de la sainte famille, nous prions l’Esprit du Seigneur de nous éclairer et de nous donner la force de désirer ce qui plaît à Dieu.

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Omelia del Card. Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arcivescovo di Tegucigalpa, durante la preghiera dell’Ora terza

“Por lo demás hermanos, alégrense, sean perfectos, anímense, tengan un mismo sentir, vivan en paz y el Dios de la caridad y de la paz estará con Ustedes” (2Cor 13, 11).

Comenzamos este Sínodo con gran alegría. Es un camino empezado hace ya 2 años y nos llena de gozo encontrarnos de nuevo como hermanos, lo que acabamos de escuchar.

HERMANOS: que venimos de los 4 puntos cardinales convocados por Pedro movidos por el amor al Señor Jesús y a la madre Iglesia. San Pablo nos ha invitado precisamente a la alegría. Esa alegría del Evangelio que el Papa Francisco proclama incansablemente por todo el mundo. Pero como él mismo nos ha dicho: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. A veces nos entristece escuchar como el mundo ha enfocado este Sínodo pensando que venimos como 2 bandos opuestos a defender posiciones irreductibles. Por eso “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Más difícil es la segunda recomendación.

SEAN PERFECTOS: Somos conscentes de nuestros defectos y límites, pero el Señor que nos llamó es perfecto y sabe sacar bienes incluso de lo que puede parecer un mal, puesto que es el Espíritu Santo quien en definitiva guía su Iglesia. Él sabrá inspirar nuestros pensamientos, palabras y acciones como decimos en la oración “agimus tibi gratias”. Luego se nos ha dicho:

ANIMENSE: No somos una Iglesia en vía de extinción ni mucho menos. La familia tampoco, aunque está amenazada y combatida. Tampoco venimos a llorar ni a lamentarnos por las dificultades. Ya el Salmo 26 nos dice: “Sé valiente, ten ánimo. Espera en el Señor” (Sal 26, 14).

TENGAN UN MISMO SENTIR: Todos buscamos la unanimidad que viene del diálogo, no de las ideas defendidas a ultranza. San Pablol nos recuerda: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo” (Flp 2, 5).

VIVAN EN PAZ: Y como nos dice Evangelii Gaudium (238) el diálogo es la contribución a la paz, porque la Iglesia proclama “el evangelio de la paz” (Ef 6, 15). Al anunciar a Jesucristo, que es la paz en persona (Cf. Ef 2, 14), la madre Iglesia nos anima a ser instrumento de pacificación y testimonio creíble de una vida reconciliada (Propositio 14). Es hora de saber cómo diseñar en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo.

POR ESO QUEREMOS COMENZAR EL SINODO EN PAZ. No es la paz del mundo, hecha de componendas y compromisos que tantas veces no se cumplen. Es la paz de Cristo, la paz con nosotros mismos.

Y la conclusión es evidente: “El Dios de la caridad y la paz estará con Ustedes” (II Cor 3, 11). Por eso podemos decirle: “Quédate con nosotros Señor” (Lc 24, 13). No precisamente porque el día está terminando, sino porque está comenzando.

Un nuevo día para las familias del mundo, creyentes o no creyentes, familias cansadas de las incertidumbres y dudas sembradas por diversas ideologías, como las de la deconstrucción, contradicciones culturales y sociales, fragilidad y soledad entre otras. Quédate con nosotros Señor para que este Sínodo produzca un camino de alegría y esperanza para todas las familias.

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