giovedì 15 ottobre 2015

Intervento in Aula di p. Álvarez Ossorio

di p. Javier Álvarez Ossorio sscc

Il 9 ottobre è intervenuto in Aula p. Álvarez Ossorio, superiore generale della Congregazione dei sacri cuori. Riprendiamo il testo del suo intervento in spagnolo dal sito della congregazione http://www.ssccpicpus.com/ (ndr).



Sobre el uso de la Biblia en el documento

Instrumentum Laboris, Parte II (39; 41; 44; 46)

Quiero decir tres cosas sobre la manera de usar la Biblia en el documento sinodal.

1. El Sínodo es sobre la FAMILIA, no sobre el MATRIMONIO.
El matrimonio es, sin duda, muy importante, pero hay muchas familias que no cuentan con un matrimonio en su interior (viudez, monoparentales, parejas no casadas, etc) y no por eso dejan de ser familias en las que late el deseo de constituir una comunidad de vida y de amor. Como nos recuerda a menudo Papa Francisco, la realidad es más importante que las ideas. En este caso, la realidad de las familias es más importante que la idea que nos hagamos del matrimonio.

Sin embargo, el Instrumentum laboris, en sus partes segunda y tercera, parece fijar su atención casi exclusivamente en el matrimonio. Eso determina también la elección de los textos bíblicos que se citan.

2. Sugiero que se amplíe el abanico de textos bíblicos, sobre todo los que se toman de los Evangelios.
No basta repetir el logion de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio (Mt 19,6). Conviene hacer referencia también a todos esos textos que relativizan las relaciones familiares en función de la realidad del Reino: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?...” (Mc 3,33-35); “El que no odie a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas…" (Lc 14,26); “No he venido a traer la paz sino la espada… los enemigos de cada uno serán los de su propia casa” (Mt 10,34-37); “No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra” (Mt 23,9).

No debemos silenciar esta "revolución" que Jesús introduce en la familia humana. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica n. 2232: “Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos”.

Convendría que nos preguntáramos qué implicaciones puede tener en la práctica pastoral de la Iglesia esa interpelación de Jesús, que cuestiona lo que a veces se presenta como “modelo de familia cristiana” y realiza una fuerte llamada a la fraternidad.

3. Creo que se deben evitar expresiones poco claras.
Entiendo que son expresiones poco claras las siguientes:
- “Evangelio de la familia”: no me parece adecuado compartimentar el Evangelio en expresiones como ésta. El Evangelio de Jesús es algo grande que abarca todos los aspectos de la vida humana. La familia también se ve afectada por él, claro está. Pero no existe un “Evangelio de la familia”, sino familias que se dejan iluminar, alegrar y transformar por el Evangelio.

- “Designio de Dios”: en múltiples lugares del texto se invita a descubrir el “designio de Dios” para las parejas y para las familias. Pero se dice esto como si dicho designio fuera ya conocido por la Iglesia, que debería ayudar a quienes aún no alcanzan a vivirlo. Sin embargo, toda referencia al “designio (o voluntad) de Dios” debe conllevar una llamada a un proceso de discernimiento espiritual en el que la conciencia humana, que busca, y el Espíritu Santo, que es libertad, tienen un rol único y no predecible. Haríamos bien en evitar hablar como si ya conociéramos lo que Dios quiere para cada persona en cada caso.

- “Tres etapas de la pedagogía divina”, que serían: el plan primigenio de Dios (ilustrado con citas de los primeros capítulos del Génesis); la etapa de la dureza de corazón provocada por el pecado (la ley de Moisés); y la etapa “final y definitiva” de la redención en Jesucristo (ilustrada con una selección de citas del Nuevo Testamento).

Esta manera de hablar simplifica en extremo (y, por lo tanto, falsea) la dinámica interna de los textos bíblicos y su fuerza simbólica y envolvente. La “plenitud” en Cristo (“el designio eterno realizado en Cristo” según Ef 3,11) no es la corrección de un plan mítico emborronado por ejecutores incompetentes. La acción de Dios en las personas siempre prepara algo “incomparablemente mejor” (Ef 3,20) de lo que podamos imaginar.
Por otra parte, hablar así de las etapas de la pedagogía divina parece dar a entender que la disciplina actual de la Iglesia refleja adecuadamente la etapa “final y definitiva”, desmintiendo el hecho de que somos un pueblo en camino, con un horizonte escatológico que desborda desmesuradamente nuestras realizaciones históricas, que en muchas ocasiones son pecadoras y siempre resultan mejorables.

Sugiero, por tanto, que usemos un lenguaje que coloque también a la Iglesia en una situación “imperfecta” e “incompleta”, en camino de búsqueda siempre renovada de la voluntad de su Señor. Todos estamos en crecimiento hacia “la unidad en la fe”, hacia la “plena estatura de Cristo” (Ef 4,13).

Nessun commento:

Posta un commento